De negocios con el diablo

Esta mañana me he levantado con la firme convicción de vender mi alma al diablo a cambio de que resolviera un asunto para mi de suma importancia. Me ha respondido que ni hablar. Que tengo el alma muy desgastada para semejante propósito y que lo más que me podía ofrecer eran media docena de bricks de leche desnatada para el orfanato que hay en el barrio o, a todo caso, el amor de la septuagenaria del quinto. No le he replicado, ¿para qué?, el que sabe de estos negocios es él y no hay más que hablar.

Claro está que me he quedado un poco contrariado y él, al ver reflejada la desilusión en mis ojos, me ha invitado a desayunar trompetas de la muerte y choricillos al “diablo” deliciosamente picantes.

Por lo menos he llegado a la conclusión de que es un excelente conversador y los chorizos estaban para morirse.

2 comentarios sobre “De negocios con el diablo

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