Caminos recorridos

Marta fija su mirada en el vacío. El viento es fuerte al pie del acantilado. La composición de paisaje y mujer me hace temblar levemente. Aparentemente fuerte, aparentemente decidida, hoy parece dudar.

– Sr. Tonooi, cree usted que he hecho bien?
– Yo no creo nada por costumbre, bien lo sabe… pero si, no debe temer los cambios y a veces no queda otra.

Marta lo ha dejado todo y ha buscado refugio en un pequeño pueblo del sur donde se fusionan mar y montaña, un lugar tranquilo de preciosas calas y abruptos saltos. Seguramente encontrará más de lo que pueda haber dejado atrás. Hay un momento en tu vida que en el que debes olvidar los caminos recorridos, los que siempre te llevan al mismo lugar.

La observo quietamente provocándole una ligera inquietud. No es mi intención, es esa ligera tendencia a la fascinación que a menudo me sobreviene, ella lo sabe y de inmediato recupera la compostura.

– Sabe? Últimamente me planteo mucho casi todo.
– Pues esa es una estupenda noticia.
– Usted cree? Está claro que es usted un poco voluble… perdón no quiero ofenderle, es más bien… no se, que a veces parece que esté aquí y allá…
– No se preocupe, la comprendo, pero que quiere que le diga, que acepte las cosas así, sin más? No amiga mía, el secreto del camino es recorrerlo con los sentidos alerta, empaparse de lo bello y de lo triste.
– Vaya! Que poético se me ha puesto… Por Dios, como estoy hoy. En fin, seguramente tenga razón.

El viento del acantilado hace bailar su hermoso cabello y yo suspiro por un poco de juventud.

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