Grutas

Estoy en una gruta. Que hago yo en una gruta? Otra vez arrastrado por la sinuosa belleza de Marta… para que? Si mi carnalidad es metafísica. La realidad es que no me estaría quejando si no fuese porque estamos atrapados esperando un equipo de rescate.

Marta me observa con preocupación, debo estar algo pálido… supongo.

– Por favor, mi querida amiga, no me mire con esa cara de espanto. Creo que sobreviviré.

– Bien, estuvo hace poco en la Amazonia. Es el nuevo sr. Tonooi… el aventurero.

– No se si se está burlando, a mi así, desde luego que no me anima.

Las grutas se me asemejan al subconsciente, es todo tan caótico y oscuro. Esa estalactita retorcida y de final hiriente que está justo en frente de mi, tiene toda la pinta de ser como el ADN de mi última pesadilla. Me pregunto a quien podría pertenecer la mente de este sitio. Puede que de cualquiera, todas las personas, por simples que parezcan, poseen su rincón bizarro, su espacio deforme donde se forjan sus miedos, sinrazones, ideas peregrinas e incluso sus sueños limpios.

Estoy abstraído, para varíar, con la historia de las grutas cuando oígo su voz.

– En que piensa? Creía que estaba asustado.

– En nada. Observo las estalactitas, estalagmitas, los extraños que aquí habitan… me refiero a insectos y demás fauna y flora local, así me entretengo.

– Me alegro de que este tranquilo. Sentía un pelín de culpabilidad.

Me olvido del subconsciente y pienso en las magníficas formas de Marta.

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