Pequeños

Caminar lentamente, sin prisas, disfrutando de cada paso no importa donde nos lleve… aprehendiendo cada instante. Solo somos pequeñas pinceladas en un enorme lienzo.

Llevo unas cuantas semanas aislado de todo y ya es tiempo de volver. Llamo a Marta, oigo su queja sobre mi pobre compromiso con la amistad, no me queda otra que darle la razón y me disculpo sinceramente. Juntos solemos visitar jardines japoneses, son nuestro lugar común, pero siento la necesidad de hacer algo diferente. Le comento que si tiene unos días libres la invito a la Amazonia.

– Sr. Tonooi, he oído bien?
– Si. Me apetece pasear por la Amazonia.
– Y el dinero… y los mosquitos gigantes, demás bichos y humedad sofocante? Lo podrá soportar?
– Creo que cuando volvamos aún tendré alguna lata de atún… pondré a los gatos a media ración. Lo demás, bueno, es una aventura… Estoy preparado.
– De acuerdo. Me compro protección para cualquier contingencia, y en esto le incluyo a usted, y vayamos.
– Siempre he pensado que su diligencia es legendaria.
– Ja ja… Pensado y hecho.

Todo esto es muy diferente a mis recorridos habituales. Lo que más me llama la atención es la enormidad que nos envuelve, lo cual nos convierte a Marta y a mi inequívocamente en pequeños, casi invisibles. Esa percepción de nuestra insignificancia me agarra a la tierra mientras ella se queja de que le pica todo.

– Así que porque usted quiera sentirse una gota en un océano hemos llegado hasta aquí?
– En realidad es un viaje interesante, no? Un paseo muy distinto.
– Eso es verdad, en lugar de cerezos en flor hay bicharracos enormes.

Con el discurrir del día Marta empieza a sonreír abiertamente, sencillamente porque el exuberante y abrumador paisaje hipnotiza, incluidos los misteriosos sonidos selváticos, y quizá también porque sentirse pequeño viene bien de vez en cuando para el espíritu.

Cuando cae el sol los sonidos se avivan y nos descubrimos casi pegados y un tanto intranquilos…

– Vaya! Da un poquito de miedo. No?
– Juntos somos invencibles.- Contesta mi desasosiego.
– Ande, ande, no es usted exagerado ni nada.
– Igual un poco si. Será para compensar mi nueva insignificancia.

2 comentarios sobre “Pequeños

  1. Me ha sorprendido otra vez, pensé que se despertaría al caerse de la cama intentando arranccarse algún especimen del cuerpo…mmmm…no era una pesadilla…era el sueño que nos recuerda la soportable insignificancia que somos… Ahí es ná!

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