Experiencias

Ha pasado el tiempo del excesivo consumo material, empieza a estar mal visto y me alegro de ello, no obstante seguimos sin poder parar de consumir y la nueva deidad pagana que perseguimos son las “experiencias”. Un ejemplo sencillo, si no viajas no estás en la onda; y por supuesto si no practicas un deporte extremo te pierdes la emoción de la vida. En definitiva no sabemos estar en paz sin la necesidad de no hacer nada.

Emily Dickinson escribió sus maravillosos poemas sin salir prácticamente de su habitación, su imaginación era su ventana al mundo. Puede ser un ejemplo excesivo, lo se, pero por eso es significativo; hay otras formas de entender la realidad.

El tan ansiado tiempo solo cobra sentido si lo aprecias sin urgencias, disfrutando dulcemente sin tener que llenar el zurrón de nuevas y genuinas “experiencias vitales”. Lo esencial es invisible a los ojos. Cuanta razón tenía el querido zorro del principito.

Durabilidad

Nada mas despertarme he recibido una llamada de Sofía en la cual me comunicaba su actual estado de felicidad al mismo tiempo que manifestaba sus dudas de si algo así le podía durar a ella. Impulsiva y en desorden, es lo que tiene mi joven amiga. Por decirle algo, medio dormido que estaba, le he comentado que no se preocupe y disfrute de su momento que a la postre todo tiene un fin y que no importa tanto la durabilidad de las cosas, pues solo vivimos el presente. “La vida es aquí y ahora mismo”, creo haberle dicho recordando a Facundo Cabral.

No se si la he dejado muy convencida pero los gatos se han comido la mermelada de mango que había dispuesto para desayunar; ante tan inoportuno contratiempo me he acabado con deleite la lata de bonito “premium” que me trajo mi hermana el mes pasado.

Contracción o dilatación

El aire tranquilo nos acompaña esta tarde. Marta aprieta el paso y me cuesta seguirla. Su predisposición abierta a la vida me conmueve y gira mi conversación a temas del alma y otras ocurrencias. Así que me da por pensar que una persona enamorada sufre un proceso de contracción; todo se hace pequeño y gira en torno a un punto fijo en una minúscula órbita… pero por otra parte, el amor a otro es el único medio para acallar el exceso de amor propio, esa “boutade” que nos conduce irremediablemente hacia la depresión…

– Así que según usted, tenemos que contraernos o deprimirnos. No lo tengo muy claro. – Musita Marta.
– Yo solo digo que hay que evitar el “exceso” de amor propio, pues eso es narcisismo y ya sabemos como acabó Narciso.
– Ummm… Yo, por si acaso me contraigo demasiado, me dejaré un margen para la dilatación.
– Interesante propuesta… Como las vías de los trenes!
– Exactamente, no vaya a ser que con tanta contracción acabe colapsando.

Es verano y el calor dilata nuestras risas… Todavía no creo que estemos en disposición de colapsarnos, además el sol está cayendo y es hora de acercamos a la playa.

Pequeños

Caminar lentamente, sin prisas, disfrutando de cada paso no importa donde nos lleve… aprehendiendo cada instante. Solo somos pequeñas pinceladas en un enorme lienzo.

Llevo unas cuantas semanas aislado de todo y ya es tiempo de volver. Llamo a Marta, oigo su queja sobre mi pobre compromiso con la amistad, no me queda otra que darle la razón y me disculpo sinceramente. Juntos solemos visitar jardines japoneses, son nuestro lugar común, pero siento la necesidad de hacer algo diferente. Le comento que si tiene unos días libres la invito a la Amazonia.

– Sr. Tonooi, he oído bien?
– Si. Me apetece pasear por la Amazonia.
– Y el dinero… y los mosquitos gigantes, demás bichos y humedad sofocante? Lo podrá soportar?
– Creo que cuando volvamos aún tendré alguna lata de atún… pondré a los gatos a media ración. Lo demás, bueno, es una aventura… Estoy preparado.
– De acuerdo. Me compro protección para cualquier contingencia, y en esto le incluyo a usted, y vayamos.
– Siempre he pensado que su diligencia es legendaria.
– Ja ja… Pensado y hecho.

Todo esto es muy diferente a mis recorridos habituales. Lo que más me llama la atención es la enormidad que nos envuelve, lo cual nos convierte a Marta y a mi inequívocamente en pequeños, casi invisibles. Esa percepción de nuestra insignificancia me agarra a la tierra mientras ella se queja de que le pica todo.

– Así que porque usted quiera sentirse una gota en un océano hemos llegado hasta aquí?
– En realidad es un viaje interesante, no? Un paseo muy distinto.
– Eso es verdad, en lugar de cerezos en flor hay bicharracos enormes.

Con el discurrir del día Marta empieza a sonreír abiertamente, sencillamente porque el exuberante y abrumador paisaje hipnotiza, incluidos los misteriosos sonidos selváticos, y quizá también porque sentirse pequeño viene bien de vez en cuando para el espíritu.

Cuando cae el sol los sonidos se avivan y nos descubrimos casi pegados y un tanto intranquilos…

– Vaya! Da un poquito de miedo. No?
– Juntos somos invencibles.- Contesta mi desasosiego.
– Ande, ande, no es usted exagerado ni nada.
– Igual un poco si. Será para compensar mi nueva insignificancia.

Cambios

Sofía está confusa, dice que no siente que sea ella misma, que fluctúa constantemente. Yo, sin embargo, sigo viendo en ella una mujer de andar cadencioso, preciosa piel de luna y carácter definido… por mucho que ella dude.

La mañana es cálida para ser febrero y los rayos de un incipiente sol prometen un paseo agradable, sin embargo los pasos Sofía no son decididos, esas cosas se notan, y me temo preguntas.

– Sr. Tonooi… Usted cree que soy un tanto veleidosa?
– No se muy bien a que se refiere.- contesto un poco a la defensiva.
– Bueno, no se, a veces creo que cambio de opinión fácilmente y eso me afecta, igual demasiado.
– Le recomendaría no preocuparse demasiado por ello.
– Por favor… Haga un esfuerzo, es importante para mi.
– Ve ese árbol, el cielo? A cada instante se transforman, no son los mismos…
– Muy bonita metáfora. Pero me gustaría que fuese algo más concreto.
– Sabe que decía Heráclito? Que en los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos. Quiero decir que todo es un devenir y siempre hay momentos en nuestra vida en los que no estamos seguros de nada. Siga caminando, o si quiere nade por el río, e igual llega a algún sitio.
– Con usted de consejero ni me imagino adónde.

Como es natural en febrero, el tiempo cambia, el sol desaparece y empieza a hacer un poco de frío. Aceleramos el paso y mi amiga sonríe. Igual si que es un tanto veleidosa, pero mantiene un excelente estado de forma.

Impresiones

Los pinacotecas me fascinan, en ellas encuentro fragmentos de alma. No tanto en cada obra de este o aquel pintor, salvo contadas excepciones soy incapaz de descifrar nada concreto, sino más bien son los estilos, cada uno de ellos me ofrece una mirada distinta del mundo.

Esta tarde hay una exposición impresionista en el “Museu Europeu d’Art Modern”. Le pediré a Marta que me acompañe, si conozco a alguien que disfrute de estas cosas es ella. Luce el sol, el paseo hasta el museo discurre plácidamente y la exposición es gozosa. Parece que este hecho y la compañía de mi amiga enardecen mi ánimo…

– Sabe, contemplando los impresionistas veo como se refleja mi alma.

– No se si quiero saber lo que quiere decir.- musita lánguidamente.

– Da igual, es solo que a veces siento que mis sentimientos y emociones son como estos cuadros; bellos y nítidos desde lejos pero pinceladas más o menos gruesas de cerca. Y entonces dudo de lo que realmente quiero, necesito, deseo o cualquier cosa de esas.

– Vamos, que de cerca se emborrona.

– Me asombra su capacidad de concreción. Me emborrono, eso es.

– Ya, eso explica porque siempre dice que me ama por teléfono, manteniendo la distancia de seguridad… Eh?- dice burlona.

– No se ría de mi, y además, por sino lo sabía, es usted poseedora de una estructura ósea perfecta.

– Menos rollos sr. Tonooi, que nos vamos conociendo… mejor vamos a picar algo.

– Ve! Y además sabe lo que conviene.


La bella caída del sol nos encuentra riendo mientras disfrutamos de unos excelentes pimientos rellenos de boloñesa con un “pinot noir” muy apañadito.

Termodinámica 2020

Según la segunda ley de la termodinámica, la cual postula que en un sistema aislado la entropía siempre aumenta, deduzco que la gente cuando más tiempo pasa sola mas caótica se vuelve. Claro que algunos no lo debemos tener muy claro, porque mira que dormirme el primer día de paseos al sol. Eso no es caos, eso debe ser desidia por falta de uso.

En cualquier caso he llamado a Marta para celebrar una fiesta retro, con mis viejos vinilos rayados, el fin de semana que viene. Una pequeña “socialización” para empezar, ni mi agenda ni la situación dan para más… con suerte vendrá Sofía con una bola disco, ideal para conjuntar con el “funky” y los combinados de cola.

Dormida

Guido tira de su hilo, Tomasso habla con su sirena y yo… Yo duermo mientras miro el agua transparente, casi invisible, de mi mar. Duermo en una cama que quiero que huela a él. Duermo muda y no despierto ni aunque me estrangulen los hilos de acero en los que se pierde Guido. Se que sigue una madeja hacia el vacío, pero callo y sueño en mi mar, ese mar que pierde relojes pero no los encuentra, aguas de tiempo detenido.


– María, has visto a Ariadna? Solo oírle pronunciar su nombre abre un agujero dentro de mi.

– No, no la he visto.- Sonrisa triste en los labios.

– De acuerdo, nos vemos a la tarde en lo de Peppo.


Encuentros rápidos, frases fugaces, miradas olvidadas… eso somos ahora. No siempre fue así, pero eramos jóvenes, niños salvajes corriendo risas por calles de piedra. Él era mi única realidad y nunca me importó que fuera así. Solo quería correr, correr lejos con él, reír y mirarlo; pero él despertó, y yo seguí dormida.

La importancia de los huevos fritos

Estoy esta mañana dándole vueltas al siempre espinoso tema del amor. Mis conclusiones rara vez son acertadas, pero sospecho que no voy desencaminado cuando pienso que amar supone abandonar ese narcisismo tan nuestro con el que nos cubrimos y desnudar el alma… aunque sea de vez en cuando.

Todo un gesto de héroes hoy en día. Días extraños y fríos donde la gente procura no complicarse en demasía, sobretodo los que practicamos los juegos de la edad tardía y arrastramos ya una sólida experiencia de desencuentros…

Ya estoy divagando otra vez. Marta siempre me sugiere que no piense tanto y creo que estoy empezando a comprenderla. Dejo de lado la “frivolité” que iba a desayunar y me zampo dos huevos fritos. No esta mal para empezar.

Elena

Elena era preciosa. No creo que su belleza fuera puramente espiritual, como ciertas personas decían, si te fijabas tenía algunos defectos; ojos un poco pequeños, labios demasiados gruesos, mejillas pálidas, cabellera enteramente lacia; sin embargo, el conjunto de su rostro poseía armonía. La belleza es un misterio. Elena era preciosa.

Aquel día, en el que fui a su casa por primera vez, tropezé torpemente y el jarrón de porcelana voló por los aires para hacerse añicos. Elena me sonrío amablemente y recogió los pedazos del jarrón escrupulosamente mientras comentaba que era muy supersticiosa y que aquello tenía que arreglarlo de inmediato. Supe en ese instante que a más de bonita era buena. Me ruboricé un poco, me miró dulcemente con los ojos bajos y me dijo que no me preocupase, que son cosas que pasan. Yo había ido a su casa porque tenía que tratar un asunto con su padre, después intentaría volver mil veces por ella.

La vida no fue fácil para nadie en aquella época y al cabo de dos años la familia de Elena tuvo que emigrar a Francia. Nos prometimos cartas y besos, pero el tiempo es inflexible y el olvido se fue adueñando tristemente de nosotros. Ahora, cuarenta años después, recuerdo su primer beso, aquel en el que sus labios parecieron de papel y en la soledad de mi cuarto sonrío quedamente.