Elena

Elena era preciosa. No creo que su belleza fuera puramente espiritual, como ciertas personas decían, si te fijabas tenía algunos defectos; ojos un poco pequeños, labios demasiados gruesos, mejillas pálidas, cabellera enteramente lacia; sin embargo, el conjunto de su rostro poseía armonía. La belleza es un misterio. Elena era preciosa.

Aquel día, en el que fui a su casa por primera vez, tropezé torpemente y el jarrón de porcelana voló por los aires para hacerse añicos. Elena me sonrío amablemente y recogió los pedazos del jarrón escrupulosamente mientras comentaba que era muy supersticiosa y que aquello tenía que arreglarlo de inmediato. Supe en ese instante que a más de bonita era buena. Me ruboricé un poco, me miró dulcemente con los ojos bajos y me dijo que no me preocupase, que son cosas que pasan. Yo había ido a su casa porque tenía que tratar un asunto con su padre, después intentaría volver mil veces por ella.

La vida no fue fácil para nadie en aquella época y al cabo de dos años la familia de Elena tuvo que emigrar a Francia. Nos prometimos cartas y besos, pero el tiempo es inflexible y el olvido se fue adueñando tristemente de nosotros. Ahora, cuarenta años después, recuerdo su primer beso, aquel en el que sus labios parecieron de papel y en la soledad de mi cuarto sonrío quedamente.

Vampiro en Praga

Cabello largo de noche caída y piel blanco lunar. Paseamos despacio, no se si debido a su andar algo ingrávido, por la zona alta de Praga, hacia el castillo. Hace una temperatura agradable y el silencio de medianoche nos envuelve. Se detiene un instante y con un suave gesto descubre su pálido cuello dejando caer su lacia melena hacia el lado derecho. La etérea visión de Sofía me sobrecoge un poco y empiezo a notar una extraña sensación de sed…

Me despierto sobresaltado y jurándome que nunca más volveré a tomar “Bloody Mary” antes de acostarme.

Extraño en la noche

“La voz del amo” y Stanislaw Lem estaban otra vez desafiando los límites de mi comprensión, cosmología y fábula filosófica envuelta en una bella edición de “Impedimenta”, cuando sonó el teléfono. Era Marta, me invitaba a cenar este viernes. Creo que dijo algo así como que necesitaba escapar un poco de su estresante y monótona vida diaria. Por lo visto la hermosa juventud a veces no es suficiente.

No soy mucho de la noche, pero una amiga es una amiga y un buen vino siempre reconforta. El restaurante es pequeño pero agradable. Mesas bien dispuestas, una tenue iluminación que anima a la conversación y una carta de mi gusto. Marta todavía anda un poco perdida con los cambios que acontecen en su vida. Entre sorbos de vino me va comentando sus cuitas. Al principio la escucho con atención, pero la conversación sobre jabones que mantienen dos estupendas señoras en la mesa de al lado repercute demasiado en mi mente. Al final salgo del restaurante con un agradable olor a limpio y Marta más relajada.

– Sr. Tonooi. Me preguntaba si quiere que pasemos por un bar que está cerca de aquí… una copita por favor? .- Tal como lo dice me es imposible negarme.
– Bueno, ya que estamos…
– Estupendo.

Una simpática chica de detrás de la barra nos sirve una extraña bebida en tubo de ensayo que sabe a canela y pimienta. Debe ser la bebida de moda, aquello parece un laboratorio. El tiempo transcurre fluido hasta que los bailes epilépticos entran en escena y mi cabeza empieza a comportarse como una peonza. Mi compañera, ya en ambiente, parece que disfruta. Empieza a difuminarse con sus coetáneos y siento que es hora de volver.

– No se vaya tan pronto por favor.- Dice sin demasiada convicción.
– Mi querida amiga, usted está entrando en trance colectivo y yo soy una especie de anomalía aquí.
– De acuerdo como quiera, pero que conste que no es por mi, eh?
– No se preocupe, la curva de disfrute ya llegó a su cenit. Y no dude de lo estimulante que me resulta su compañía…

Me despido con dos besos y por el camino de vuelta pienso en jabones, epilépticos, y en las mil maneras de evadirnos que tenemos, bien a base de canela, de cosmología o de lo que buenamente se nos ofrezca.

Desconexión

No hay un principio sin un final, a no ser que seas una circunferencia, que no suele ser el caso. Mientras espero a que me dejen disfrutar de mis sosegados paseos matutinos disfruto de las videoconferencias con vino. Ayer mismo me conecté con Marta y Sofía… que cercanas las vi, debe ser la nostalgia.

Casi no hablé, me quedé embobado con el albariño y la excelsa conversación de que mis compañeras. Sus burbujeantes palabras pasaron por el medioambiente, la cena del día, lo llevadera o no de la actual situación de clausura y demás temas varios que se iban disolviendo en mi menguante percepción a medida que iban cayendo las copas.

– Sr. Tonooi solo le vemos beber.- Espeta de pronto Sofía.- Diga algo.

– La próxima vez beberé vino tinto.

– Vaya, que elocuente está hoy.- Se burla Marta.

– Y mañana beba mucha agua.- Apunta Sofía.

Ellas y su juventud me aportan una visión más dinámica de la vida y es gratificante lo prestas que están a socorrerme. Eso si, cuando me conecte al mundo lo haré sin “albariño”, su ligereza es demasiado provocadora.

Poco juicio

Los juzgados me impresionan. Abogados de todo tipo y condición recorren pasillos con carpetas, prisas y querellas. Jueces, salas, audiencias, condenados, pleitos… El agobio se va apoderando de mi. Por suerte Sofía, mi amiga abogada, está ducha en estas situaciones, me comenta con serenidad profesional que esté tranquilo… intento creérmelo, al fin y al cabo soy yo el que demando.

Hay un juez con pinta venerable, supuestamente la pinta se la veo yo por mi adicción a las series de abogados americanas, y de eso va el caso, bueno, más o menos.

– El Sr. Tonooi contra el estado de alarma.- dice el alguacil muy serio.

Sofía, perfectamente trajeada para la ocasión, se levanta…

– Señoría voy a demostrar que mi cliente, el Sr. Tonooi, sufre enajenación mental debido al confinamiento obligado por el gobierno durante los meses de marzo, abril y mayo del año 2020 y solicito una disculpa formal y unas vacaciones pagadas en un balneario.- Dice con mucho temple Sofía.

Los acontecimientos se van desencadenando en turnos, réplicas, protestas y llamadas al orden… hasta que me llaman a declarar.

– Sr. Tonooi, es cierto que desde el 20 de marzo y hasta el 20 de abril vio usted cuatro temporadas de la serie de televisión “The good wife” y que cada una de ellas constaba de más de veinte capítulos?- Me pregunta Sofía.

– Si, es correcto.- Respondo parco. Me han recomendado los monosílabos.

– Luego en total vio un total de más de 80 capítulos en un periodo de 30 días?

– Es correcto.- respondo muy en mi sitio.

– Y no es cierto que desde entonces cree que vive en Chicago, trabaja para la fiscalía y desea un tete a tete con Alicia Florrick, personaje ficticio protagonista de dicha serie…

– Protesto, argumentativo.- Oigo desde el otro bando.

– Se admite la protesta.- Zanja el juez.

– No hay más preguntas.- Termina Sofía.

Ni balneario ni disculpa, solo un bono de autobús para asistir a terapia conductiva. Por lo menos he descubierto lo bien que le sientan los trajes a mi querida Sofía.

Pasión razonada

Estaba pensando en mundos hipotéticos, concretamente en uno en el que yo era un amante apasionado cuando caí en la cuenta que la pasión tiene una duración aproximada de cuatro años, cosa que pensé me acarrearía graves consecuencias. Dado mi impulsividad recién adquirida, tengo tendencia a mimetizarme con mis pensamientos desde que vi “Zelig” de Woody Allen, llamé a Marta a pesar de ser las seis de la mañana.

– Hola Marta, estás despierta?

– (Gruñido ininteligible) Queeee? (Voz somnolienta)

– Mira, perdona, es que ahora soy pasional y tengo una duda.

– Y tiene que ser a estas horas?

– Claro! De lo contrario que tipo de apasionado sería?

– Por Dios! A ver dígame…

– Tengo entendido que la pasión no dura demasiado, pero cambiar de amante cada cierto tiempo para mantenerla viva puede ser agotador y creo que en mi caso posiblemente infructuoso.

– Le voy a colgar.

Vaya si me colgó, no sin antes desmontarme al decir que si estoy hablando de pasión que carajo ando racionalizándola.

He pensado desayunar sopa de letras mientras resuelvo un sudoku. Espero que me pase pronto este estado ”febril” en el que me hallo sumido.

El viaje de Blanca I

A cada metro que me alejo mi estado de ánimo respira. El sol asoma tímidamente dejándome contemplar el paisaje, aún brumoso, a través de la ventanilla. Todo queda atrás a la velocidad que comparten el tren y mi espíritu. Algunos lo llaman huida, no me importa, solo el dolor me retenía, es muy probable que haya esperado más de la cuenta.

Cero, es de donde voy a empezar. Un país distinto para una persona que intenta reconstruirse. Solo me llevo mi bagaje de recuerdos fragmentados. Con algunos sonreiré, los más me servirán de aprendizaje. Tampoco me lanzo al vacío, viajo con un contrato de dos años en la biblioteca “Rafael Alberti” de Nápoles. Es una coincidencia pero el poema “Galope” siempre me fascinó, así que ahora siento que vuelo en un caballo de espuma. Luego ya se verá. Nápoles es caótica, yo también. La ciudad no dejará de serlo, es probable que yo tampoco. Pero no moriré como Parténope, la joven sirena que murió ahogada de amor por Odiseo y su cuerpo apareció en la costa de la ciudad vieja. Son capítulos de un libro cerrado. Hace algunos años, años que todavía no eran en blanco y negro, visité la costa amalfitana. Steinbeck dijo de ella que es un lugar de ensueño que no parece real cuando estás allí pero que se hace real en la nostalgia cuando te has ido. Lo comparto a medias, ya no son los 50′ ni yo soy una romántica. En aquellos días me acerqué a Nápoles y me pareció que estaba hecha para ella; su olor, sus gentes, el desenfado que transpira… se que no soy la misma, pero estoy segura que es un buen lugar para empezar de nuevo.

Pensamientos en el tren mientras me acerco al aeropuerto. Quizá hasta ahora nunca pensé con claridad y es fácil dejarse arrastrar. Lo difícil es romper… aunque algunos lo llamen huir.

Física aplicada

Andábamos Marta y yo disfrutando del tiempo relajado, ese que en nosotros deviene por senderos recorridos, divagando sobre la naturaleza humana y otros conceptos de diversa índole (en realidad yo la miraba y solo podía pensar en si sería platónica, aristotélica u optaría por el humor de Aristófanes, o bien en invitarle a un “merlot”, que es un vino redondito que suele gustar a la primera), cuando de repente su voz, alterada por algún pensamiento inoportuno, me despertó de mis ensoñaciones…

– Por mucho que gratifique, no puedes pasarte la vida dando mucho y recibiendo muy poco, a veces te tienes que querer más a ti misma.
– Eso es cierto si nos movemos en los terrenos mundanos… buscas una especie de contraprestación anímica, es natural, como la física.
– Como la física?
– Si, acción-reacción, somos física.

Nos miramos y reímos, pensando en la física, la química, la naturaleza, el alma y los problemas de abastecimiento emocional que cargamos.

Siempre he pensado que somos esclavos de nuestras hormonas, feromonas y demás sustancias químicas producidas por esa bella maquinaria revestida de piel que somos… desde hace aproximadamente dos horas intento conjugarlas con el verbo amar, cosas de las gratas compañías supongo.