Durabilidad

Nada mas despertarme he recibido una llamada de Sofía en la cual me comunicaba su actual estado de felicidad al mismo tiempo que manifestaba sus dudas de si algo así le podía durar a ella. Impulsiva y en desorden, es lo que tiene mi joven amiga. Por decirle algo, medio dormido que estaba, le he comentado que no se preocupe y disfrute de su momento que a la postre todo tiene un fin y que no importa tanto la durabilidad de las cosas, pues solo vivimos el presente. “La vida es aquí y ahora mismo”, creo haberle dicho recordando a Facundo Cabral.

No se si la he dejado muy convencida pero los gatos se han comido la mermelada de mango que había dispuesto para desayunar; ante tan inoportuno contratiempo me he acabado con deleite la lata de bonito “premium” que me trajo mi hermana el mes pasado.

La importancia de los huevos fritos

Estoy esta mañana dándole vueltas al siempre espinoso tema del amor. Mis conclusiones rara vez son acertadas, pero sospecho que no voy desencaminado cuando pienso que amar supone abandonar ese narcisismo tan nuestro con el que nos cubrimos y desnudar el alma… aunque sea de vez en cuando.

Todo un gesto de héroes hoy en día. Días extraños y fríos donde la gente procura no complicarse en demasía, sobretodo los que practicamos los juegos de la edad tardía y arrastramos ya una sólida experiencia de desencuentros…

Ya estoy divagando otra vez. Marta siempre me sugiere que no piense tanto y creo que estoy empezando a comprenderla. Dejo de lado la “frivolité” que iba a desayunar y me zampo dos huevos fritos. No esta mal para empezar.

Pasión razonada

Estaba pensando en mundos hipotéticos, concretamente en uno en el que yo era un amante apasionado cuando caí en la cuenta que la pasión tiene una duración aproximada de cuatro años, cosa que pensé me acarrearía graves consecuencias. Dado mi impulsividad recién adquirida, tengo tendencia a mimetizarme con mis pensamientos desde que vi “Zelig” de Woody Allen, llamé a Marta a pesar de ser las seis de la mañana.

– Hola Marta, estás despierta?

– (Gruñido ininteligible) Queeee? (Voz somnolienta)

– Mira, perdona, es que ahora soy pasional y tengo una duda.

– Y tiene que ser a estas horas?

– Claro! De lo contrario que tipo de apasionado sería?

– Por Dios! A ver dígame…

– Tengo entendido que la pasión no dura demasiado, pero cambiar de amante cada cierto tiempo para mantenerla viva puede ser agotador y creo que en mi caso posiblemente infructuoso.

– Le voy a colgar.

Vaya si me colgó, no sin antes desmontarme al decir que si estoy hablando de pasión que carajo ando racionalizándola.

He pensado desayunar sopa de letras mientras resuelvo un sudoku. Espero que me pase pronto este estado ”febril” en el que me hallo sumido.

Ministerio del pensamiento

Estaba yo felizmente disfrutando de una fantasía bondage cuando a los pocos minutos he recibido un wasap del “Ministerio de Pensamiento. Subsecretaría de Higiene Mental y otros menesteres” advirtiéndome del peligro de mis impúdicas prácticas y las posibles repercusiones legales de persistir en ellas.

No lo podía creer, que yo sepa no era hasta junio cuando me tocaba el implante del chip de seguimiento… En ese instante he despertado con un considerable cabreo.

Puede que haya leído demasiado joven a Orwell, Zamiatin y demás escritores de futuros inciertos o simplemente esos “futuros” ya asoman en nuestra realidad… un reflejo de la sociedad que estamos creando.

Sea como fuere, en señal de protesta o porque me da la gana, voy a desayunar fresas con cardamomo… A ver si con un desayuno afrodisiaco termino de una vez con el asunto que me llevaba entre manos.

Cámara lenta

Mi tiempo se dilata tanto que he decidido hacerlo todo lentamente.

Por otra parte, si dedico tres horas a desayunar deliciosas galletitas de mantequilla no se a donde puede ir a parar mi colesterol.

En cualquier caso voy a disfrutar de que durante un tiempo haya muerto la prisa.

Libertad condicional

Las líneas que definen mi amistad con Sofía son sinuosas, por ejemplo su rara habilidad para plantearme a tempranas horas preguntas metafísicas me fascina. Sin ir más lejos, esta mañana me ha llamado preguntándome por la libertad, que está un poco cansada de que tengamos el susodicho concepto hasta en la sopa.

Después de un tiempo de silencio le he contestado que la manida libertad solo se expresa plenamente en el plano filosófico, pues en nuestras respectivas realidades toda elección viene precedida de uno o más condicionantes. Su lacónica respuesta ha sido: “Ah, vale”. A veces no se por que pregunta, la verdad.

Al rato de tan mínima conversación he desayunado libremente un par de donuts condicionado por la propaganda de bollería industrial y la necesidad de azúcar de mi organismo.

Sueño frustrado

Estaba soñando con Dios pero he desistido pues es una abstracción demasiado grande para mi pobre cerebro, así que he dispuesto en mi campo onírico a unas bellas hippies treintañeras, algo mucho más saludable para mi higiene mental. Ya bajo el dulce sol de una tranquila playa californiana, la cosa prometía… Pero estaba claro que algo tenía que pasar, y pasó: De un autobús ha bajado una joven amish tapada de cuello a tobillos, ha extendido los brazos en cruz e inmediatamente ha descargado una tormenta de época. Las hippies en desbandada y yo empapado.

Me he despertado pensando que pueda que no comprenda a Dios, pero Él si sabe apañarse para fastidiarme el día.

En fin, voy a desayunar yemas de santa Teresa con algo de LSD que me ha pasado una hippie antes del chaparrón.

De negocios con el diablo

Esta mañana me he levantado con la firme convicción de vender mi alma al diablo a cambio de que resolviera un asunto para mi de suma importancia. Me ha respondido que ni hablar. Que tengo el alma muy desgastada para semejante propósito y que lo más que me podía ofrecer eran media docena de bricks de leche desnatada para el orfanato que hay en el barrio o, a todo caso, el amor de la septuagenaria del quinto. No le he replicado, ¿para qué?, el que sabe de estos negocios es él y no hay más que hablar.

Claro está que me he quedado un poco contrariado y él, al ver reflejada la desilusión en mis ojos, me ha invitado a desayunar trompetas de la muerte y choricillos al “diablo” deliciosamente picantes.

Por lo menos he llegado a la conclusión de que es un excelente conversador y los chorizos estaban para morirse.