Contracción o dilatación

El aire tranquilo nos acompaña esta tarde. Marta aprieta el paso y me cuesta seguirla. Su predisposición abierta a la vida me conmueve y gira mi conversación a temas del alma y otras ocurrencias. Así que me da por pensar que una persona enamorada sufre un proceso de contracción; todo se hace pequeño y gira en torno a un punto fijo en una minúscula órbita… pero por otra parte, el amor a otro es el único medio para acallar el exceso de amor propio, esa “boutade” que nos conduce irremediablemente hacia la depresión…

– Así que según usted, tenemos que contraernos o deprimirnos. No lo tengo muy claro. – Musita Marta.
– Yo solo digo que hay que evitar el “exceso” de amor propio, pues eso es narcisismo y ya sabemos como acabó Narciso.
– Ummm… Yo, por si acaso me contraigo demasiado, me dejaré un margen para la dilatación.
– Interesante propuesta… Como las vías de los trenes!
– Exactamente, no vaya a ser que con tanta contracción acabe colapsando.

Es verano y el calor dilata nuestras risas… Todavía no creo que estemos en disposición de colapsarnos, además el sol está cayendo y es hora de acercamos a la playa.

Pequeños

Caminar lentamente, sin prisas, disfrutando de cada paso no importa donde nos lleve… aprehendiendo cada instante. Solo somos pequeñas pinceladas en un enorme lienzo.

Llevo unas cuantas semanas aislado de todo y ya es tiempo de volver. Llamo a Marta, oigo su queja sobre mi pobre compromiso con la amistad, no me queda otra que darle la razón y me disculpo sinceramente. Juntos solemos visitar jardines japoneses, son nuestro lugar común, pero siento la necesidad de hacer algo diferente. Le comento que si tiene unos días libres la invito a la Amazonia.

– Sr. Tonooi, he oído bien?
– Si. Me apetece pasear por la Amazonia.
– Y el dinero… y los mosquitos gigantes, demás bichos y humedad sofocante? Lo podrá soportar?
– Creo que cuando volvamos aún tendré alguna lata de atún… pondré a los gatos a media ración. Lo demás, bueno, es una aventura… Estoy preparado.
– De acuerdo. Me compro protección para cualquier contingencia, y en esto le incluyo a usted, y vayamos.
– Siempre he pensado que su diligencia es legendaria.
– Ja ja… Pensado y hecho.

Todo esto es muy diferente a mis recorridos habituales. Lo que más me llama la atención es la enormidad que nos envuelve, lo cual nos convierte a Marta y a mi inequívocamente en pequeños, casi invisibles. Esa percepción de nuestra insignificancia me agarra a la tierra mientras ella se queja de que le pica todo.

– Así que porque usted quiera sentirse una gota en un océano hemos llegado hasta aquí?
– En realidad es un viaje interesante, no? Un paseo muy distinto.
– Eso es verdad, en lugar de cerezos en flor hay bicharracos enormes.

Con el discurrir del día Marta empieza a sonreír abiertamente, sencillamente porque el exuberante y abrumador paisaje hipnotiza, incluidos los misteriosos sonidos selváticos, y quizá también porque sentirse pequeño viene bien de vez en cuando para el espíritu.

Cuando cae el sol los sonidos se avivan y nos descubrimos casi pegados y un tanto intranquilos…

– Vaya! Da un poquito de miedo. No?
– Juntos somos invencibles.- Contesta mi desasosiego.
– Ande, ande, no es usted exagerado ni nada.
– Igual un poco si. Será para compensar mi nueva insignificancia.

Cambios

Sofía está confusa, dice que no siente que sea ella misma, que fluctúa constantemente. Yo, sin embargo, sigo viendo en ella una mujer de andar cadencioso, preciosa piel de luna y carácter definido… por mucho que ella dude.

La mañana es cálida para ser febrero y los rayos de un incipiente sol prometen un paseo agradable, sin embargo los pasos Sofía no son decididos, esas cosas se notan, y me temo preguntas.

– Sr. Tonooi… Usted cree que soy un tanto veleidosa?
– No se muy bien a que se refiere.- contesto un poco a la defensiva.
– Bueno, no se, a veces creo que cambio de opinión fácilmente y eso me afecta, igual demasiado.
– Le recomendaría no preocuparse demasiado por ello.
– Por favor… Haga un esfuerzo, es importante para mi.
– Ve ese árbol, el cielo? A cada instante se transforman, no son los mismos…
– Muy bonita metáfora. Pero me gustaría que fuese algo más concreto.
– Sabe que decía Heráclito? Que en los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos. Quiero decir que todo es un devenir y siempre hay momentos en nuestra vida en los que no estamos seguros de nada. Siga caminando, o si quiere nade por el río, e igual llega a algún sitio.
– Con usted de consejero ni me imagino adónde.

Como es natural en febrero, el tiempo cambia, el sol desaparece y empieza a hacer un poco de frío. Aceleramos el paso y mi amiga sonríe. Igual si que es un tanto veleidosa, pero mantiene un excelente estado de forma.

Impresiones

Los pinacotecas me fascinan, en ellas encuentro fragmentos de alma. No tanto en cada obra de este o aquel pintor, salvo contadas excepciones soy incapaz de descifrar nada concreto, sino más bien son los estilos, cada uno de ellos me ofrece una mirada distinta del mundo.

Esta tarde hay una exposición impresionista en el “Museu Europeu d’Art Modern”. Le pediré a Marta que me acompañe, si conozco a alguien que disfrute de estas cosas es ella. Luce el sol, el paseo hasta el museo discurre plácidamente y la exposición es gozosa. Parece que este hecho y la compañía de mi amiga enardecen mi ánimo…

– Sabe, contemplando los impresionistas veo como se refleja mi alma.

– No se si quiero saber lo que quiere decir.- musita lánguidamente.

– Da igual, es solo que a veces siento que mis sentimientos y emociones son como estos cuadros; bellos y nítidos desde lejos pero pinceladas más o menos gruesas de cerca. Y entonces dudo de lo que realmente quiero, necesito, deseo o cualquier cosa de esas.

– Vamos, que de cerca se emborrona.

– Me asombra su capacidad de concreción. Me emborrono, eso es.

– Ya, eso explica porque siempre dice que me ama por teléfono, manteniendo la distancia de seguridad… Eh?- dice burlona.

– No se ría de mi, y además, por sino lo sabía, es usted poseedora de una estructura ósea perfecta.

– Menos rollos sr. Tonooi, que nos vamos conociendo… mejor vamos a picar algo.

– Ve! Y además sabe lo que conviene.


La bella caída del sol nos encuentra riendo mientras disfrutamos de unos excelentes pimientos rellenos de boloñesa con un “pinot noir” muy apañadito.

Termodinámica 2020

Según la segunda ley de la termodinámica, la cual postula que en un sistema aislado la entropía siempre aumenta, deduzco que la gente cuando más tiempo pasa sola mas caótica se vuelve. Claro que algunos no lo debemos tener muy claro, porque mira que dormirme el primer día de paseos al sol. Eso no es caos, eso debe ser desidia por falta de uso.

En cualquier caso he llamado a Marta para celebrar una fiesta retro, con mis viejos vinilos rayados, el fin de semana que viene. Una pequeña “socialización” para empezar, ni mi agenda ni la situación dan para más… con suerte vendrá Sofía con una bola disco, ideal para conjuntar con el “funky” y los combinados de cola.

Vampiro en Praga

Cabello largo de noche caída y piel blanco lunar. Paseamos despacio, no se si debido a su andar algo ingrávido, por la zona alta de Praga, hacia el castillo. Hace una temperatura agradable y el silencio de medianoche nos envuelve. Se detiene un instante y con un suave gesto descubre su pálido cuello dejando caer su lacia melena hacia el lado derecho. La etérea visión de Sofía me sobrecoge un poco y empiezo a notar una extraña sensación de sed…

Me despierto sobresaltado y jurándome que nunca más volveré a tomar “Bloody Mary” antes de acostarme.

Extraño en la noche

“La voz del amo” y Stanislaw Lem estaban otra vez desafiando los límites de mi comprensión, cosmología y fábula filosófica envuelta en una bella edición de “Impedimenta”, cuando sonó el teléfono. Era Marta, me invitaba a cenar este viernes. Creo que dijo algo así como que necesitaba escapar un poco de su estresante y monótona vida diaria. Por lo visto la hermosa juventud a veces no es suficiente.

No soy mucho de la noche, pero una amiga es una amiga y un buen vino siempre reconforta. El restaurante es pequeño pero agradable. Mesas bien dispuestas, una tenue iluminación que anima a la conversación y una carta de mi gusto. Marta todavía anda un poco perdida con los cambios que acontecen en su vida. Entre sorbos de vino me va comentando sus cuitas. Al principio la escucho con atención, pero la conversación sobre jabones que mantienen dos estupendas señoras en la mesa de al lado repercute demasiado en mi mente. Al final salgo del restaurante con un agradable olor a limpio y Marta más relajada.

– Sr. Tonooi. Me preguntaba si quiere que pasemos por un bar que está cerca de aquí… una copita por favor? .- Tal como lo dice me es imposible negarme.
– Bueno, ya que estamos…
– Estupendo.

Una simpática chica de detrás de la barra nos sirve una extraña bebida en tubo de ensayo que sabe a canela y pimienta. Debe ser la bebida de moda, aquello parece un laboratorio. El tiempo transcurre fluido hasta que los bailes epilépticos entran en escena y mi cabeza empieza a comportarse como una peonza. Mi compañera, ya en ambiente, parece que disfruta. Empieza a difuminarse con sus coetáneos y siento que es hora de volver.

– No se vaya tan pronto por favor.- Dice sin demasiada convicción.
– Mi querida amiga, usted está entrando en trance colectivo y yo soy una especie de anomalía aquí.
– De acuerdo como quiera, pero que conste que no es por mi, eh?
– No se preocupe, la curva de disfrute ya llegó a su cenit. Y no dude de lo estimulante que me resulta su compañía…

Me despido con dos besos y por el camino de vuelta pienso en jabones, epilépticos, y en las mil maneras de evadirnos que tenemos, bien a base de canela, de cosmología o de lo que buenamente se nos ofrezca.

Desconexión

No hay un principio sin un final, a no ser que seas una circunferencia, que no suele ser el caso. Mientras espero a que me dejen disfrutar de mis sosegados paseos matutinos disfruto de las videoconferencias con vino. Ayer mismo me conecté con Marta y Sofía… que cercanas las vi, debe ser la nostalgia.

Casi no hablé, me quedé embobado con el albariño y la excelsa conversación de que mis compañeras. Sus burbujeantes palabras pasaron por el medioambiente, la cena del día, lo llevadera o no de la actual situación de clausura y demás temas varios que se iban disolviendo en mi menguante percepción a medida que iban cayendo las copas.

– Sr. Tonooi solo le vemos beber.- Espeta de pronto Sofía.- Diga algo.

– La próxima vez beberé vino tinto.

– Vaya, que elocuente está hoy.- Se burla Marta.

– Y mañana beba mucha agua.- Apunta Sofía.

Ellas y su juventud me aportan una visión más dinámica de la vida y es gratificante lo prestas que están a socorrerme. Eso si, cuando me conecte al mundo lo haré sin “albariño”, su ligereza es demasiado provocadora.

Poco juicio

Los juzgados me impresionan. Abogados de todo tipo y condición recorren pasillos con carpetas, prisas y querellas. Jueces, salas, audiencias, condenados, pleitos… El agobio se va apoderando de mi. Por suerte Sofía, mi amiga abogada, está ducha en estas situaciones, me comenta con serenidad profesional que esté tranquilo… intento creérmelo, al fin y al cabo soy yo el que demando.

Hay un juez con pinta venerable, supuestamente la pinta se la veo yo por mi adicción a las series de abogados americanas, y de eso va el caso, bueno, más o menos.

– El Sr. Tonooi contra el estado de alarma.- dice el alguacil muy serio.

Sofía, perfectamente trajeada para la ocasión, se levanta…

– Señoría voy a demostrar que mi cliente, el Sr. Tonooi, sufre enajenación mental debido al confinamiento obligado por el gobierno durante los meses de marzo, abril y mayo del año 2020 y solicito una disculpa formal y unas vacaciones pagadas en un balneario.- Dice con mucho temple Sofía.

Los acontecimientos se van desencadenando en turnos, réplicas, protestas y llamadas al orden… hasta que me llaman a declarar.

– Sr. Tonooi, es cierto que desde el 20 de marzo y hasta el 20 de abril vio usted cuatro temporadas de la serie de televisión “The good wife” y que cada una de ellas constaba de más de veinte capítulos?- Me pregunta Sofía.

– Si, es correcto.- Respondo parco. Me han recomendado los monosílabos.

– Luego en total vio un total de más de 80 capítulos en un periodo de 30 días?

– Es correcto.- respondo muy en mi sitio.

– Y no es cierto que desde entonces cree que vive en Chicago, trabaja para la fiscalía y desea un tete a tete con Alicia Florrick, personaje ficticio protagonista de dicha serie…

– Protesto, argumentativo.- Oigo desde el otro bando.

– Se admite la protesta.- Zanja el juez.

– No hay más preguntas.- Termina Sofía.

Ni balneario ni disculpa, solo un bono de autobús para asistir a terapia conductiva. Por lo menos he descubierto lo bien que le sientan los trajes a mi querida Sofía.