Física aplicada

Andábamos Marta y yo disfrutando del tiempo relajado, ese que en nosotros deviene por senderos recorridos, divagando sobre la naturaleza humana y otros conceptos de diversa índole (en realidad yo la miraba y solo podía pensar en si sería platónica, aristotélica u optaría por el humor de Aristófanes, o bien en invitarle a un “merlot”, que es un vino redondito que suele gustar a la primera), cuando de repente su voz, alterada por algún pensamiento inoportuno, me despertó de mis ensoñaciones…

– Por mucho que gratifique, no puedes pasarte la vida dando mucho y recibiendo muy poco, a veces te tienes que querer más a ti misma.
– Eso es cierto si nos movemos en los terrenos mundanos… buscas una especie de contraprestación anímica, es natural, como la física.
– Como la física?
– Si, acción-reacción, somos física.

Nos miramos y reímos, pensando en la física, la química, la naturaleza, el alma y los problemas de abastecimiento emocional que cargamos.

Siempre he pensado que somos esclavos de nuestras hormonas, feromonas y demás sustancias químicas producidas por esa bella maquinaria revestida de piel que somos… desde hace aproximadamente dos horas intento conjugarlas con el verbo amar, cosas de las gratas compañías supongo.

Complemento indirecto

Acabo de dejar en la mesilla de noche un poemario de José Martí. El poeta y revolucionario cubano dijo muchas cosas. Supongo que si eres poeta revolucionario es lo normal.

Estoy dándole vueltas a una de sus frases más célebres mientras me desperezo. Dice algo así como que en la vida hay que plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Pues bien yo no he hecho nada de eso, así que según el poeta no debo estar demasiado realizado. Quizá, lo más parecido haya sido apreciar jardines japoneses, hacer de canguro de vez en cuando del hijo de mi amiga Sofía y reescribir periódicamente las cuatro ideas que he tenido en un blog… eso si, leer si que he leído, pero no se si eso cuenta.

Deduzco que debo ser una especie de complemento indirecto en la vida. Aunque, la verdad, no me importa demasiado ser un C.I., ya hay demasiada gente que anhela ser sujeto, verbo y predicado… Yo, incluso me conformaría con ser un complemento circunstancial, claro que si las circustancias tienen curvas…

Grutas

Estoy en una gruta. Que hago yo en una gruta? Otra vez arrastrado por la sinuosa belleza de Marta… para que? Si mi carnalidad es metafísica. La realidad es que no me estaría quejando si no fuese porque estamos atrapados esperando un equipo de rescate.

Marta me observa con preocupación, debo estar algo pálido… supongo.

– Por favor, mi querida amiga, no me mire con esa cara de espanto. Creo que sobreviviré.

– Bien, estuvo hace poco en la Amazonia. Es el nuevo sr. Tonooi… el aventurero.

– No se si se está burlando, a mi así, desde luego que no me anima.

Las grutas se me asemejan al subconsciente, es todo tan caótico y oscuro. Esa estalactita retorcida y de final hiriente que está justo en frente de mi, tiene toda la pinta de ser como el ADN de mi última pesadilla. Me pregunto a quien podría pertenecer la mente de este sitio. Puede que de cualquiera, todas las personas, por simples que parezcan, poseen su rincón bizarro, su espacio deforme donde se forjan sus miedos, sinrazones, ideas peregrinas e incluso sus sueños limpios.

Estoy abstraído, para varíar, con la historia de las grutas cuando oígo su voz.

– En que piensa? Creía que estaba asustado.

– En nada. Observo las estalactitas, estalagmitas, los extraños que aquí habitan… me refiero a insectos y demás fauna y flora local, así me entretengo.

– Me alegro de que este tranquilo. Sentía un pelín de culpabilidad.

Me olvido del subconsciente y pienso en las magníficas formas de Marta.

Caminos recorridos

Marta fija su mirada en el vacío. El viento es fuerte al pie del acantilado. La composición de paisaje y mujer me hace temblar levemente. Aparentemente fuerte, aparentemente decidida, hoy parece dudar.

– Sr. Tonooi, cree usted que he hecho bien?
– Yo no creo nada por costumbre, bien lo sabe… pero si, no debe temer los cambios y a veces no queda otra.

Marta lo ha dejado todo y ha buscado refugio en un pequeño pueblo del sur donde se fusionan mar y montaña, un lugar tranquilo de preciosas calas y abruptos saltos. Seguramente encontrará más de lo que pueda haber dejado atrás. Hay un momento en tu vida que en el que debes olvidar los caminos recorridos, los que siempre te llevan al mismo lugar.

La observo quietamente provocándole una ligera inquietud. No es mi intención, es esa ligera tendencia a la fascinación que a menudo me sobreviene, ella lo sabe y de inmediato recupera la compostura.

– Sabe? Últimamente me planteo mucho casi todo.
– Pues esa es una estupenda noticia.
– Usted cree? Está claro que es usted un poco voluble… perdón no quiero ofenderle, es más bien… no se, que a veces parece que esté aquí y allá…
– No se preocupe, la comprendo, pero que quiere que le diga, que acepte las cosas así, sin más? No amiga mía, el secreto del camino es recorrerlo con los sentidos alerta, empaparse de lo bello y de lo triste.
– Vaya! Que poético se me ha puesto… Por Dios, como estoy hoy. En fin, seguramente tenga razón.

El viento del acantilado hace bailar su hermoso cabello y yo suspiro por un poco de juventud.

Amor mundano

La luna está alta. Inspiro profundamente, siento la noche en mis pulmones y la imagen de Marta repercute en mi retina. Ella es mi acompañante en los paseos de media luz, ella evoca tardes de noviembre de amores escondidos.

– Marta, quizá le parezca extraño lo que le voy a decir, pero me quiero enamorar de usted.

– Por el amor de Dios! El amor no es un zapato que necesite un calzador…además, no es usted de curvas y ya está?

– Curvas, sonrisa, imaginación y noche, es usted un compendio de lo que busco.

– Pero si usted no busca nada!

– Eso era antes. Ahora anhelo amores y desdichas.

– Ay, que tremendo es! Bueno, enamórese si quiere, pero en silencio. No me de la tabarra.

– No te preocupes, vaya me atrevo a tutearla, deseo un amor romántico e imposible.

– Lo que hay que oír… en fin si soy su amiga se a lo que me expongo.

Mientras persigo la sombra de la dulce Marta, aparco por un momento mi nueva pasión y siento la nausea que me provocan los sueños humanos, esa búsqueda incesante de poder y materialidad. Por qué ansiamos la necedad? Poseer… y luego la frustración. No pretendo juzgar, solo soy un amante curvilíneo, pero no puedo evitar sentir que la dirección que hemos tomado es equivocada. Quizá por eso ahora prefiera dedicarme al amor mundano y dejar otras pasiones para la gente que pisa fuerte por la vida.

El viento nocturno revuelve el cabello de Marta, nunca me cansaré de la belleza de esa imagen.

Phenomenon

Ya presentía desde algún tiempo que algo me estaba sucediendo. Sin embargo, no ha sido hasta esta hoy cuando el terror se ha apoderado de mi de la forma más extraña que pudiera imaginar. Un día corriente con su insomnio incorporado, que ya de recurrente ni le presto atención. A eso de las 10 de la mañana me he acercado al «consum» a comprar dos tonterías que me hacían falta cuando una querida amiga me ha sorprendido observando la pequeña sección de los helados. Allí estaba yo analizando los componentes, diseño de etiquetas y demás peculiaridades de todas las marcas. Escrutando toda suerte de mantecados minuciosamente cuando en realidad no me complacen demasiado. Ella me ha sacado de mi ensimismamiento…

– Tonooi cuanto tiempo! – Dos besitos protocolarios.
– La verdad es que si…
– Oye, que hoy es el cumpleaños de Carlos. Que te parece este vino?

Me enseña una botella de «Con dos tacones» vino de bonito nombre y dudosa calidad.

El paso siguiente es una clase teórico-pedante de vinos de supermercado. Voy siendo consciente de que me acuerdo de todos los vinos y de sus cualidades organolépticas. En ese mismo instante siento que se cosas, que cada vez se más cosas y que no las olvido. Que se acumula el conocimiento inmisericordemente en mi pobre neocórtex.

Llego a casa pálido. Intento relajarme. Al cabo de un rato de infructuosos intentos decido hacer un test de inteligencia. Busco por internet alguno que me inspire cierta confianza.

Veo todas las respuestas con una claridad meridiana. Lo dejo y me bebo una cerveza, después otra. Recuerdo una película de John Travolta que trata de un tontorrón que por un tumor cerebral se convierte en un genio. Al final tiene que decidir entre morir o volver a su estado primario. Recuerdo esa y cualquier otra película al detalle. El pánico estalla en mi…

Mañana pediré cita para el oncólogo… o mejor, para el enólogo en un coqueto restaurante.