Congreso poco filosófico

Me considero un elegante asesino de mujeres delgadas. Posiblemente se deba al narcisismo del que hacemos gala todos los psicópatas. En mi caso me enorgullezco de mantener su belleza intacta… gélida tal vez, claro que guardarlas en una cámara frigorífica ayuda.

Hoy se celebra en Sin City, no podían haber elegido mejor escenario, el 4º congreso de psicópatas asesinos. Me he puesto guapo. Es mi primera asistencia a un evento de este tipo, así que estoy un poco nervioso. Observo a mi alrededor y distingo rostros fríos y duros de miradas afiladas entre otros que pasarían por el del vecino del quinto. La mayoría somos hombres, no se muy bien por qué, supongo que en algún tratado lo explicarán… se preocupan mucho de nosotros. Después de deambular un poco y empezar con los martinis busco acomodo, la cena se servirá pronto y la sala está abarrotada. Encuentro un asiento libre en una mesa con tipos ciertamente desagradables. Suspiro y me prometo llegar más pronto la próxima vez. Una vez acomodado y al poco de oír sus bruscas y entrecortadas conversaciones me doy cuenta que he ido a parar a una mesa de descuartizadores.

Los martinis me envalentonan y decido meter baza, nada más desafortunado. Comento que lo que hacen es estúpido, pues según la teoría de la holística que postula Aristóteles el todo es mayor que la suma de las partes… Percibo que no he estadio muy afortunado, sus ojos ensangrentados de ira taladran mi quieta persona y automáticamente me arrepiento de mi desmedida afición al vermut. Un largo e incomodo silencio, por llamarlo de alguna manera, y me despido atropelladamente… y aquí sigo dos días después, encerrado en este estúpido retrete.