El cuerpo de Naoko

Senos pequeños y firmes, de piel tersa. Cabello sedoso y de un negro profundo negro hasta la altura de mis hombros desnudos. Cintura estrecha, como de avispa, que se abre en unas caderas no demasiado anchas pero si lo suficiente para formar la curva de tu deseo… Me formo en ti. Mi vientre plano suspira las dulces caricias de tus dedos. Mis ojos rasgados anhelan cruzarse con los tuyos noche tras noche, buscándote entre resquicios atrapados en la oscuridad que vivo sin ti.

Oigo tu sueño recurrente y no busco otra cosa que a ti, me trazo en líneas cálidas para ti. Soy Naoko, soy tu sueño.

Naoko y Midori

El despertar es la hora más dura del día. No me gusta despertar, prefiero quedarme sumido en un plácido sueño. Son las 6 de la mañana y en esta época del año la oscuridad es total y la rutina agobiante. Dos tostadas, zumo, metro, oficina, comer cualquier cosa, más oficina, metro, cenar y acostarme. Desvivo en Nagoya, una ciudad triste todo el año, la nube de smog y el ruido son continuos y muchas veces siento que me pierdo en esa neblina sonora, que soy un autómata en medio de la bruma.

Sueño con Naoko, todas las noches paseamos juntos por jardines de cerezos, casi siempre en silencio y alguna vez hacemos el amor. Naoko dice que está doblada y que le ayudo a ponerse recta, por lo menos en hibernación hago algo útil. Tal vez sea un motivo más para que me cueste despertar… no se.

Este sábado he ido a la piscina del barrio. Me gusta nadar, en el agua se aligera el peso de vacío que me oprime. Me ha resultado extraño, pero todas las muchachas tenían la mirada melancólica de Naoko. Me he atrevido a hablar con una de ellas, se llama Midori y trabaja en el centro comercial de Kamimaezu. Es bonita y me cuenta, así, sin más, que le gusta oír a los Beatles mientras camina por la playa, es solo un detalle, la chica es muy expresiva y no me importa, ya callo yo bastante. Yo le dejo hablar, no quiero que sepa todavía lo poco que puedo decir ahora.

Todavía no me explico como hemos quedado la próxima semana para tomar un café. Supongo que habrá sido ella, y yo, sencillamente, habré asentido. Ha llegado el día y tengo el pulso un tanto acelerado. La espero dando vueltas a ideas desordenadas, verla entrar con sonrisa desenfadada en la cafetería me tranquiliza. Midori, cree que soy interesante porque callo y escucho, como si guardara secretos. Me ha propuesto que nos volvamos a ver. Tendré que improvisar algunas palabras, tiempo atrás fui un conversador aceptable y la mudez es una trampa que se descubre.

Esta noche Naoko me ha sonreído dulcemente y me ha dicho que se tiene que ir… quizá intuya que tengo una amiga despierto.

Naoko

Naoko

Las puertas se cierran, siento la presión del aire a mi alrededor, me ahogo y grito de desesperación.

Mis fragmentos desconexos de su mundo no me reconfortan cuando él, Kizuki, está despierto. Se que coge un desvencijado coche todas las mañanas y escucha jazz mientras transcurren los kilómetros hacia un complejo industrial de polución, cemento, cristal y humo. Lo último que recuerdo es oírle tatarear “La vie en rose” de Edith Piaf.

Su vida es oscura y yo solo soy su sueño, en realidad solo uno más. Bajo la sombra de un abedul me desnuda y hacemos el amor, quizá demasiado tiernamente, pues me ha creado un tanto lujuriosa, cosas del subconsciente supongo. Esta claro que es un chico tímido con problemas de soledad, eso me da mucha pena, pero por otra parte se que así tengo más posibilidades de tenerlo. Es egoísta, lo se. Pero que tengo yo, si no a él?

Kizuki

Mi vida social se resume en una palabra: nula. Estoy cansado, muy cansado de Nagoya. Solo hablo con el compañero de trabajo con el que comparto donuts y me cuenta las penas estúpidas de cualquiera. Que si su mujer quiere organizar una fiesta… que si el niño pequeño no le deja dormir… que sus amigos son unos aburridos bebedores de cerveza amantes del beisbol. Y a mi que? Yo solo tengo un sueño erótico recurrente que me insinúa que soy mal amante. Ya daría yo dinero por una cerveza con charla de beisbol.

Me he apuntado a la piscina del barrio, espero conocer gente. Dos años aquí son bastantes para empezar a despertar. No puedo vivir de vinilos antiguos de jazz, sueños y donuts.

Siempre pensé en trabajar en una ciudad grande, que así sería más fácil conocer gente. Cuanto me equivocaba, aquí solo viven millones de desconocidos que no se miran a la cara cuando se cruzan. Millones de hormigas en procesión. Millones de insectos en la gran colmena. Y yo soy el rey de esos estúpidos bichos.